La reconciliación con Dios, la conversión, voz inconfundible de la Cuaresma. La Palabra de Dios ya nos hace sentir ese amanecer si nos reconciliamos, si nos convertimos". ¡Cuántas polarizaciones, cuántas ideologías, cuántos intereses egoístas, cuántos caminos equivocados de los hombres sobre los cuales este día yo quisiera hacer resonar la palabra de Jesucristo: ¡CONVERTÍOS!, si no os convertís, pereceréis. Y como de costumbre también desarrolle este tema en tres pensamientos:
1º. La enseñanza del evangelio: "Si no se convierten, todos perecerán por igual".
2º. El escarmiento de Israel: "No todos agradaron a Dios.3º. ¿Qué significa convertirse hoy, caminar con Dios de una manera agradable?
Qué delicado es el Señor, no quiere develar el misterio íntimo del alma de cada muerto. ¿Cómo murieron? ¿torturados, muertos injustamente como estos dos inocentes? ¿Cómo murieron? No importa, dice Cristo, lo que importa es algo más grande y trascendental: haber muerto reconciliado con Dios, convertido a Dios". Y, por eso, de la muerte saca un mensaje para todos los que vivimos: "¡haced penitencia, convertíos!".
Hermanos, si alguna vez vale esta observación del Señor, aquí en nuestra sociedad, cuando la vida está en peligro por todas partes, es este momento: ¡convertíos! que no nos vaya a sorprender la muerte por los caminos del pecado, de la injusticia, mucho menos del crimen, del desorden. Que la muerte nos encuentre en amor de Dios. Esta es la gran enseñanza del evangelio y de los episodios de hoy: caminar con Cristo y si la muerte nos alcanza caminando con él, no hay nada que temer, la muerte es victoria para aquellos que creen en el Señor. El que me sigue, no muere sino que tendrá vida eterna.
En este mismo sentido hay que interpretar también la tremenda parábola de la higuera estéril que nos cuenta hoy San Lucas.
Lo que nos quiere enseñar el Evangelio es: de qué sirve la vida por más pomposa que aparezca si no produce frutos? ¡Higueras estériles! Y nos indica también la ternura y la paciencia de Dios esperando: tal vez el otro año, tal vez mañana. Es un llamamiento precioso de Cuaresma para que revisemos nuestras vidas a ver si de verdad hay frutos o somos higueras que inútilmente están ocupando la tierra en el mundo. Se necesitan hombres de buenas obras, se necesitan cristianos que sean luz del mundo, sal de la tierra. Hoy se necesita mucho el cristiano activo, crítico, que no acepta las condiciones sin analizarlas internamente y profundamente. Ya no queremos masas de hombres con las cuales se ha jugado tanto tiempo, queremos hombres que como higueras productivas sepan decir SÍ a la justicia no a la injusticia y sepan aprovechar… el don precioso de la vida. Sepan aprovechar cualquiera que sea la situación. Queridos hermanos, el más humilde de los que estamos aquí, el más pequeño, el que se crea el más insignificante, es una vida que Dios mira con amor.
Hermanos en este domingo el mensaje principal es la conversión, tan importante que san Juan bautista en su primer discurso pedía conversión, nuestro señor Jesus después de los 40 días en el desierto ,lo primero que dijo fue conviértanse, San pedro después de haber recibido el espíritu santo en pentecostés, dice en su primer mensaje conviértanse y crean en el evangelio. Y eso es lo que tenemos que llevarnos hoy, que necesito cambiar para poder estar en gracia con Dios, pero todo esto no lo podemos alcanzar a menos que recurramos a él.
Que el señor nos regale la gracia y la sabiduría para para escuchar y asimilar su palabra